Bajo la libertad positiva el ser humano orienta su voluntad hacia
objetivos y toma de decisiones, sin verse determinado por la voluntad de otros.
objetivos y toma de decisiones, sin verse determinado por la voluntad de otros.
-Norberto Bobbio
La democracia se concibe como una instancia política que tiene como principios fundamentales la designación de los gobernantes por el pueblo, el respeto a la dignidad humana y de la libertad. Además, la democracia se sostiene en el principio de la soberanía popular y significa que todo el poder reside en el pueblo o la nación.
Por tanto, es consustancial al sistema democrático un conjunto de derechos y libertades del ser humano como: elegir y ser electo; la libre expresión; la libertad de locomoción, la equidad; el respeto; una cuota de poder y otros. Siguiendo a Bobbio, no existe la democracia sin la tutela de los derechos fundamentales de la libertad.
En muchos países de América Latina ha existido una democracia incipiente en donde los derechos de la ciudadanía han sido cercenados. Particularmente, Honduras tuvo casi treinta años de democracia que no avanzó en ninguna dirección, que nunca pudo superar el mero ejercicio electoral. Nunca atacó los poderes ocultos que se esconden al interior de las instituciones representativas, a la corrupción de los partidos políticos, a las maquinaciones conspiradoras, a los intereses privados. Jamás, afectó a la oligarquía bipartidista y recalcitrante del país.
El golpe de estado de Honduras en pleno siglo XXI es consecuencia de la sobrevivencia de esos males que se encargaron de corroer los mínimos logros en materia de democracia. El golpe fue una acción perversa de las Fuerzas Armadas sobre la cual se estableció un régimen de facto de civiles serviles de una oligarquía, ideóloga del rompimiento del orden constitucional, quien ha capturado por décadas el Estado para manejarlo como su finca. Estos grupos invisibles sintieron amenazados sus intereses cuando el presidente José Manuel Zelaya, les quitó concesiones y licitaciones; aumentó el salario mínimo; se unió al ALBA y los llamó explotadores y enemigos de los pobres. Esto conllevó a diseñar y ejecutar todo un plan nefasto que rompió el orden constitucional y el sistema democrático. Un sistema, que si bien es cierto precario, fue el ciudadano común quien luchó por hacerlo crecer; un intento fallido ante los poderes ocultos que mutilaron y acabaron con la democracia del país.
El golpe de Estado trajo los fantasmas que todos conocemos, dictadura; cárcel; represión; exilio; muerte de valiosos ciudadanos defensores del Estado de derecho; allanamiento de viviendas; represión a la libertad de expresión y de locomoción; suspensión de las garantías individuales; crisis económica y otras violaciones a los derechos humanos.
No obstante, el golpe de estado paradójicamente marca un hito emancipador de la ciudadanía hondureña. Porque el pueblo despertó y enarboló la bandera de la insurrección y rebeldía popular, lanzó un grito de unidad en defensa de sus derechos. El pueblo hondureño sin
experencia en revolución, eligió el camino de la resistencia, luchando frontalmente contra los opresores; sorprendiendo a la clase política y a la oligarquía nacional, pero también a la comunidad internacional quienes han reconocido esta gesta heroíca del pueblo de Morazán. Pueblo que ya no es el mismo.
Ahora el pueblo lucha en defensa de sus derechos, por retornar al orden constitucional y al sistema democrático que permita vivir en paz, libertad y dignidad. Pero que además, permita la consolidación de principios emancipadores que según J. S. Mill, pueda educar a los ciudadanos para la independencia, la resistencia y la fuerza para vencer a todos los dispositivos que aniquilan a la democracia.
Por tanto, es consustancial al sistema democrático un conjunto de derechos y libertades del ser humano como: elegir y ser electo; la libre expresión; la libertad de locomoción, la equidad; el respeto; una cuota de poder y otros. Siguiendo a Bobbio, no existe la democracia sin la tutela de los derechos fundamentales de la libertad.
En muchos países de América Latina ha existido una democracia incipiente en donde los derechos de la ciudadanía han sido cercenados. Particularmente, Honduras tuvo casi treinta años de democracia que no avanzó en ninguna dirección, que nunca pudo superar el mero ejercicio electoral. Nunca atacó los poderes ocultos que se esconden al interior de las instituciones representativas, a la corrupción de los partidos políticos, a las maquinaciones conspiradoras, a los intereses privados. Jamás, afectó a la oligarquía bipartidista y recalcitrante del país.
El golpe de estado de Honduras en pleno siglo XXI es consecuencia de la sobrevivencia de esos males que se encargaron de corroer los mínimos logros en materia de democracia. El golpe fue una acción perversa de las Fuerzas Armadas sobre la cual se estableció un régimen de facto de civiles serviles de una oligarquía, ideóloga del rompimiento del orden constitucional, quien ha capturado por décadas el Estado para manejarlo como su finca. Estos grupos invisibles sintieron amenazados sus intereses cuando el presidente José Manuel Zelaya, les quitó concesiones y licitaciones; aumentó el salario mínimo; se unió al ALBA y los llamó explotadores y enemigos de los pobres. Esto conllevó a diseñar y ejecutar todo un plan nefasto que rompió el orden constitucional y el sistema democrático. Un sistema, que si bien es cierto precario, fue el ciudadano común quien luchó por hacerlo crecer; un intento fallido ante los poderes ocultos que mutilaron y acabaron con la democracia del país.
El golpe de Estado trajo los fantasmas que todos conocemos, dictadura; cárcel; represión; exilio; muerte de valiosos ciudadanos defensores del Estado de derecho; allanamiento de viviendas; represión a la libertad de expresión y de locomoción; suspensión de las garantías individuales; crisis económica y otras violaciones a los derechos humanos.
No obstante, el golpe de estado paradójicamente marca un hito emancipador de la ciudadanía hondureña. Porque el pueblo despertó y enarboló la bandera de la insurrección y rebeldía popular, lanzó un grito de unidad en defensa de sus derechos. El pueblo hondureño sin
experencia en revolución, eligió el camino de la resistencia, luchando frontalmente contra los opresores; sorprendiendo a la clase política y a la oligarquía nacional, pero también a la comunidad internacional quienes han reconocido esta gesta heroíca del pueblo de Morazán. Pueblo que ya no es el mismo.
Ahora el pueblo lucha en defensa de sus derechos, por retornar al orden constitucional y al sistema democrático que permita vivir en paz, libertad y dignidad. Pero que además, permita la consolidación de principios emancipadores que según J. S. Mill, pueda educar a los ciudadanos para la independencia, la resistencia y la fuerza para vencer a todos los dispositivos que aniquilan a la democracia.
*Reproducido únicamente con fines ilustrativos
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